Hay fotógrafos que no explican lo que ven. Lo sugieren.

Vari Caramés (Ferrol, 1953) lleva más de cuarenta años haciéndolo. Según han informado Photolari y Clavoardiendo Magazine, el Ministerio de Cultura le ha concedido el Premio Nacional de Fotografía 2026, dotado con 30.000 euros. El jurado destaca su contribución a la fotografía artística y a la renovación cultural gallega desde los años ochenta, y subraya algo que cualquiera que haya visto su obra reconoce enseguida: la ampliación de las posibilidades expresivas con manchas, reflejos y desenfoques que acercan la fotografía a la abstracción pictórica.

Un autodidacta con cámara prestada al dibujo

Su historia empieza de una manera poco solemne. A los quince años su padre le regaló una cámara Voigtländer manual, y Caramés la usó al principio para fotografiar sus propios cuadros, sus dibujos y sus piezas de hierro forjado. La fotografía llegó, por tanto, como herramienta de otra cosa. Después se coló en sus estudios de Arquitectura Técnica, y en 1980 ya exponía en A Coruña.

Quizá de ahí venga esa mirada de quien no quiere describir, sino construir. Autodidacta, sin la obligación de parecerse a nadie, fue encontrando un lenguaje propio.

Lo cotidiano, pero de otra manera

Sus temas son modestos: el mar, el puerto, las estaciones de tren, las calles, las personas que se detienen un instante. Nada espectacular. Y sin embargo, en sus imágenes todo parece a punto de disolverse, de convertirse en luz, en sombra, en atmósfera.

Ese es el truco, si es que lo hay. Caramés no fotografía lo extraordinario. Fotografía lo ordinario hasta que deja de serlo.

El desenfoque como decisión

Durante décadas se nos ha enseñado que una buena fotografía es una fotografía nítida. Que el desenfoque es un error que se corrige. La obra de Caramés propone lo contrario: que perder los contornos puede ser una forma de ganar presencia.

Cuando un detalle se borra, el ojo deja de buscar datos y empieza a sentir. El reflejo de una ventana, la silueta de alguien que pasa, una mancha de color sobre el agua: todo pide una mirada más lenta, casi la de quien contempla una pintura. No se trata de que la imagen enseñe poco, sino de que deje espacio al espectador.

Para quien fotografía paisaje o fotografía de noche, la lección es útil. Lo que no se ve con claridad también puede decir mucho. Un amanecer sin detalle, una luz que se deshace, una forma que apenas se intuye en la penumbra: a veces la fotografía más sugerente es la que se atreve a no mostrarlo todo.

Una imagen no necesita contarlo todo para contar algo nuevo.

Fuentes: Photolari, «Vari Caramés, Premio Nacional de fotografía 2026 por su poética visual de lo cotidiano» (13 de octubre de 2026), https://photolari.com/vari-carames-premio-nacional-de-fotografia-2026-por-su-poetica-visual-de-lo-cotidiano/ ; Clavoardiendo Magazine, «Vari Caramés, Premio Nacional de Fotografía 2026», https://clavoardiendo-magazine.com/actualidad/agenda/vari-carames-premio-nacional-de-fotografia-2026/